Descansa y disfruta que hay belleza para regalar

Y no tienes que ganarte nada, es tuyo todo esto.

Lo que ven mis ojos este mes:

my view this summer

Nada mal.

Tengo tres semanas andando descalza, sin maquillaje y poca ropa. Paso delante del espejo y por un segundo lo que veo es una criatura silvestre; el cabello alocado, la piel tostada y los ojos vivos.

A veces parece que me transporté a un universo paralelo en el que vivo en una isla de aguas tibias, de brisa limpia y salada, con pelícanos surcando el cielo y bachatas de Aventura en el apartamento del lado… bueno, es que no me transporté tan lejos tampoco.

Sin habérmelo propuesto estoy inmersa en un retiro profundo.

No estoy haciendo nada místico ni elevado. No hay meditaciones al amanecer, mantras rebuscados ni largas sesiones de Reiki.

Aquí no se trabaja.

No escribo (menos esto que lo hago en una breve visita a la capital). No hago collages.

No leo, ni veo nada que sea serio o “espiritual”, solo romances y finales felices.

No tengo suficiente internet o señal de celular para actualizar mis perfiles en las redes sociales… así es que por el momento están dormitando.

Mi práctica de verano es mundanal, hermosa y transformadora: estar en familia.

Bailamos en la cocina y jugamos con las olas. Cocinamos y luego lavamos los platos.

En esta casa la madrugadora soy yo, y estoy en unas condiciones que antes de las nueve no me levanto.

piesSin lugar a dudas, es una delicia.

Y, ¿saben qué?

Me costó mucho poder relajarme.

Me resistía a no hacer nada, pensando que tengo muchas cosas pendientes y proyectos que avanzar. No encontraba sitio entre tanta tranquilidad.

Me observaba luchar irritada con la humedad, la falta de espacio en la casa, la poca señal y servicio celular, la energía de mis hijos que no se estaban quietos y el desorden de mi marido.

Estoy sorprendida de mi resistencia al placer y la belleza, entregarme al disfrute porque sí, porque estoy viva, saludable y porque puedo.

Mi mente se quejaba de que teníamos muchas cosas pendientes y que no podía dejar mi consultorio y mis cursos así como así. ¿Qué va a pensar la gente? ¿y si alguien me necesita?

Me daba la impresión de que una parte de mí no sentía que se había ganado todavía unas vacaciones de este tipo. Que todavía tenía que hacer más antes de permitirme estas excentricidades.

Por suerte mi alma se plantó y con la imagen muy clara del Big Lebowsky entre ceja y ceja me dijo:

“Señora, relájese, deje esa paranoia, que el mundo no se va a acabar porque nos quedemos en esta playita un mes”.

¿Vieron esa película? El Dude es genial.
La verdad es que nada importa mucho después de un largo baño de mar. Y de una buena comida. Y de una siesta. Y de otro baño de mar.

Aquí en la playa, no tengo un espacio personal definido. Estamos Isaac, los niños y yo encima unos de otros. En la capital eso me saca de mis cabales. Necesito mucho espacio para trabajar, leer, escribir y hacer arte donde nadie me moleste, pero aquí eso pierde importancia.

Mis hijos me han enseñado a tirarme de cabeza en la piscina sin que se me entre agua en la nariz. Todo un hito en la historia.

He descubierto que ya no le gustan las películas de niños y prefieren la franquicia de Rápidos y Furiosos (Ay, Dios!).

Los vi derretirse cuando mi papá, que estaba de visita, les hizo el cuento de “Isis y Raquel”, la historia para dormir que papi nos hacía de pequeños. Les dio la versión completa con todo y efectos especiales: ronquidos, cambios de voces, y silbidos. El abuelo es un showman. Mis hijos rieron, disfrutaron y al final estaban dormidos.

Parte de la rutina de Isaac y mia  es tomar vino frente al mar con los pies subidos en la baranda, hablar de la vida y de lo que él quiere cocinar para la cena.

¿Qué puede haber mal ahí?

¿Por qué nos resistimos tanto al placer? Por qué limitar la Belleza que nos rodea?

Si uno se pone creativo, encuentra espacios donde uno puede escaparse de vez en cuando. No tiene porque ser nada ostentoso y complicado.

Solo el hecho de ir más despacio, removerte de tu entorno por un tiempo y plantarte aunque sea un rato en un lugar hermoso hace que las cosas se vean diferentes.

El alma necesita Belleza. Así con mayúscula. Verla. Olerla. Tocarla. Saborearla. Escucharla. Aprender su idioma. 

En medio de los motoristas, los balcones enrejados y el susto colectivo por la inseguridad en las calles, se hace más apremiante que nunca estos actos de rebeldía interna donde el alma se plante en dos patas y no acepte otra cosa que no sea belleza pura y simple. Aunque los demás tengan que esperar.

Vamos a cultivar el arte de pararnos en el camino y descansar bajo la sombra. En mi caso cultivar el arte de darme mínimo dos baños de mar al día como si fuera prescripción médica. Para algo se vive en el Caribe…. y las vacaciones no son eternas.

Que descanses y que la belleza te abrace.

Hasta rimó.

Te lo mereces.

Próximos Eventos

El martes 28 de julio es la Clínica de Reiki. Pasa por allá si quieres conocer esta práctica, recibir un tratamiento corto y conocer más sobre esta práctica. En persona. Yo llevo el té.

Curso de Reiki I el 22 y 23 de agosto. Las inscripciones ya están abiertas.

 

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