El mal humor, la duda y la orina de perro salieron al parque un día.

Desperté sintiéndome vulnerable.

Agudamente consciente de todo lo que me falta, lo que se mantiene siempre un poco más allá de mi alcance, lo que no logro que me salga bien no importa cuanto lo visualice, lo medite, lo mantralice, lo decrete.

Los gremlins de la duda, de la inseguridad y de las cosas que no he podido hacer parte de mi experiencia de vida a pesar de querer, decidieron visitarme todos esa madrugada. Fueron amontonándose en mi plexo solar uno encima del otro y yo los veía llegar sintiéndome cada vez más impotente. Mi respiración cada vez más agitada.  

"The Nightmare" Henry Fuseli, 1781

“The Nightmare” Henry Fuseli, 1781

Detesto cuando me pongo así

¿Te ha pasado?

Se supone que una abrace esos feos monstruos que son parte de una y  los siente con amor en su regazo y les pase la mano y blah, blah, blah. Toda mis herramientas me parecían ridículas. Estaba malhumorada, sola y no quería bregar con ninguno de ellos.

No ayudaba tampoco que estuviera tan oscuro.

Vaya metáfora.

En ese día en particular, no sé si porque tenía mucho que hacer, porque había estado en terapia floral y acupuntura como tres meses pisados o la luna estaba en creciente, qué se yo. La cosa es que el episodio de víctima me duró poco… No siempre es así, a veces le saco el jugo hasta que el hueso no da más… o me aburro.

Me dije a mí misma:

– Mí misma, ¿Qué tienes al alcance ahora? ¿Qué puedes hacer ahora?

Era un poco después de las 5 de la mañana. Afuera no se oía ni veía nada. Me rodeaba oscuridad y olor a pipí de perro, ya que para rematar Gingi me había dejado un regalo debajo de mi silla favorita.

Respiré.

¡Cuántas vainas! Perro de porra que solo yo cuido en esta casa, no puede una levantarse tranquila, también tengo que limpiar la porquería, aguantar la pestilencia, salir corriendo a despertar a los niños, preparar meriendas y llevarlos al colegio antes de que pueda hacer algo para mí… nada me sale…

Otra vez:

¿Qué tienes al alcance ahora? ¿Qué puedes hacer ahora?

Salí al balcón y me senté en la otra silla que aprovechó para recordarme que se rompió hace meses y no la he ido a arreglar todavía. Otra cantaleta de que no tengo un tapicero bueno y que todo sale tan caro que mejor compro otra y total para qué si el bendito perro la va a mear como quiera, debería castrarlo pero ya está viejo el pobre y con su incontinencia urinaria no me queda más que aguantarme o inventarme unos pampers para perros, seguro alguien ya se los inventó … déjame googlearlo.

Respira.

A pesar del olor a orina, la silla coja y mi dolor me senté.

Cerré los ojos. Respiré una vez más.

Me pareció como si alguien hubiera dicho “acción” porque en ese instante empezó a cantar mi ave favorita. Una cigüita simpática con la panza amarilla que no tengo ni que verla para saber quién es. Ni idea de cómo se llama pero tiene el canto más dulce y alegre y le encanta hacer sus gracias arriba de mi carro cuando lo acabo de lavar.

Llamó a sus amigos y más aves se unieron.

La brisa movió las hojas del árbol de javilla y lo escuché.

Movió luego mi pelo y sentí el cosquilleo del viento en mis mejillas.

Sentí mi respiración desde dentro. Suavicé la barriga y llevé el aire hasta abajo. Mis pulmones se hincharon.

Mi corazón exhaló la pesadez en un largo suspiro.

– Estoy bien.

Abrí los ojos y se me fue el aliento un segundo.

¡Qué amanecer!

Lo que estaba antes negro se había teñido de un naranja intenso que me tomó por sorpresa. Con las preocupaciones que tenía encima no me recordaba que el sol iba a salir pronto.

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Esto es un verdadero milagro. Estaba tan maravillada de presenciar la luz transfigurarlo todo que se me olvidó que estaba triste.

Ella se río a carcajadas.

– Gracias Mama, le dije en voz alta.

– Siempre, amor.

Subí a la azotea para tomar algunas fotos y capturar el momento. La cámara no quiso enfocar.

Recordé que es otra de las cosas que tengo pendiente de llevar a arreglar… voy a tener que numerarlas.

Solté otro largo suspiro y decidí ni molestarme en tomar más fotos que esta primera que muestro aquí. Me lo gocé sola.

Gracias.

Respiré profundo una última vez y me dispuse a bajar. Mi mente ya estaba pasando lista de la cantidad de cosas para las que se me estaba haciendo tarde cuando me volteo para irme.

Entonces…  ¡pow!

-Toma un arcoíris también… porque sí.

– La verdad es que cuando te la luces lo haces en grande ¿eh?

Juro que escuché al amanecer explotar de la risa.

– Gracias. Lo necesitaba.

 Lo sé. Toma otro.

Apareció un segundo arcoíris. Un arco perfecto al lado del primero.

¡Gracias!! ya sin vergüenza se lo grité al viento. Qué importa si los vecinos piensan que estoy loca cuando me ven hablando sola, llorando y riendo al  mismo tiempo.

Mientras recojía mi cámara rota le digo al aire:

– Nunca estoy sola…. y hasta me atrevería a decir que te caigo bien.

– Te amo realmente.

– Hmmmm… que bueno sentirlo.

– Un favorcito extra, hazte algo con el perro.

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