Las historias que te cuentas son poderosas. Elígelas con sabiduría.

¿Qué actitud tomas cuando se te ocurre crear, vivir o aprender algo nuevo?

¿Qué haces ante la necesidad de cambiar, de reinventarte? 

Quizás quieres aprender un oficio diferente, aprender a pintar, escribir tus memorias, expandir tu arte, abrir un negocio para el que no tienes modelo a seguir. Tal vez solo deseas encontrar una fuente de ingreso que no sea opresiva, que te permita mayor holgura y libertad,  especializarte en un campo del que no tienes ejemplos inmediatos o tomar un enfoque diferente en la educación de tus hijos.

¿Con qué frecuencia dices estas frases?:

—En este país eso no tiene salida.
—Es que aquí no vale la pena.
—¿Y quién va a comprar lo que yo haga -y pagarme además- cuando hay tanta gente pasando trabajo?
—El dominicano no aprecia… no sabe… no tiene suficiente… no le gusta…
—Aquí a nadie le interesa ese tipo de cosas.
—Este paisito es una vaina y no se puede hacer nada.
—Si estuviéramos en otro lado, quizás.

Esto repetido como oración. Con fervor, convicción, una y otra vez. Varias veces al día, cada día, por meses, años, toda una vida. Las escuchas en las conversaciones cotidianas, en los medios, en las redes y en los grupos de whatsapp. Las dices en voz alta y en silencio.

Sin darte cuenta, poco a poco, esas frases tan usuales se van convirtiendo en una arraigada creencia que coloniza tus células. Una creencia parásita que no permite que alumbres las ideas que pulsan por salir al mundo como expresión de tu alma, de tu luz, de tu poder y soberanía.

Cuídate de las historias que lees o cuentas.
Sutilmente, de noche,
debajo de las aguas de la consciencia,
ellas alteran tu mundo. 

Es tan cierto ese poema de Ben Okri.

Eso es hacerte daño sin necesidad generando más impotencia, desesperanza, miedo, inseguridad y desánimo del que ya hay. Te entrenas, a base de pura repetición, en la oprimente disciplina de ver el mundo por un hoyito. Lo más triste es que te has creído el cuento y has llegado a pensar que ese es el panorama completo.

No lo es.

La alternativa no es creer en unicornios y polvo de hadas. Tampoco es obsesionarse con el pensamiento positivo tratando de ignorar las muchas cosas que no funcionan a nuestro alrededor.

Esta era nos exhorta a despertar,  a desarrollar la capacidad de ver el dolor y la belleza a los ojos sin apartar la mirada. A ser capaces de responder a la adversidad con integridad y gracia.

Por eso te sugiero, que si te encuentras justo antes de empezar a decir: “es que aquí...”, como una queja, para.

Solo…

suelta eso ya.

Dale un respiro a tu alma. Rompe el trance. Deja de beberte ese veneno sin cuestionarlo.

Entrénate en el arte de confiar en La Vida, así con mayúsculas.

Hay una fuerza vital haciendo que tus pulmones inhalen y exhalen sin que tengas que pensarlo, confía en eso. Confía en lo que hace que te crezcan las uñas y el cabello. Confía en la sabiduría que mueve tu corazón a latir y a tu cerebro a pensar. Confía en ti.

Tus sueños más profundos tienen cabida en este mundo. Lo que tu alma desea crear, vivir y conocer no solo es necesario para ti, sino para el resto de nosotros. Hazlo. Tu mundo florecerá con tu alegría, tu plenitud y satisfacción.

Primero, aprende a cultivar tu jardín interno. Arranca la mala hierba de raíz, haz espacio para que lo que decidas sembrar crezca. Luego, prepara la tierra.

Cuando esté lista, abonada y fértil siembra la semilla de tu corazón en un sitio donde le de luz. Nútrela, honra su tiempo y su forma, báñala con tu amor. 

Un día, hojitas de amor y belleza comenzaran a brotar. Cada una a su ritmo, bendiciéndote a ti y a tu mundo a cada paso.

Te deseo un encuentro fluido con las herramientas que necesites para iniciar o continuar  esa labor sagrada. Que tengas paciencia en este proceso continuo de quitar la maleza y desenterrar tu luz y que encuentres y reconozcas los aliados que abundan a tu alrededor.

Pronto estaré introduciendo a un grupo de personas como tú en el arte del Reiki. Una práctica que ha nutrido el corazón de mucha gente preparándolo para que broten las más bellas expresiones de su ser. Sería un honor para mí enseñarte cómo.

En amor,

Carolina

0 comments